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Si crees que tienes una fobia, consúltanos. En SN Psicología tenemos un equipo de psicólogos con amplia experiencia en el tratamiento de fobias.


Ante los miedos y las inseguridades – las fobias no dejan de ser una variante de éstos – se dice a menudo la frase “¡lo que hay que hacer es tirarse a la piscina!”. Se deja ir de forma tajante, directa, como solución evidente, que no requiere ni explicación ni acepta discusión. La verdad, en cambio, está muy lejos, y de hecho la propia frase lo dice, puesto que si uno se tira a la piscina sin saber nadar lo que sucede es que en el peor de los casos se ahogará, en el mejor de ellos, la experiencia será traumática. De esa experiencia traumática, precisamente nacerán el miedo, las inseguridades y también las fobias.

Tipos de fobias

El manual de diagnóstico (DSM-5) establece diferentes grupos de fobias:

  • Animal
  • Entorno natural (p.e. fobia a las alturas, tormentas, agua)
  • Sangre-heridas-inyecciones (p.e. fobia a los análisis de sangre, a las agujas, a las venas)
  • Situacional (p.e. fobia a los aviones, a los ascensores, a los recintos cerrados)
  • Otras (p.e. fobia a situaciones que pueden provocar atragantamiento)

Entre las más comunes están las fobias a los perros, a las serpientes y arañas, a los ascensores, a los espacios muy abiertos, a volar, a las aglomeraciones y a las inyecciones.
La agorafobia está relacionada con lugares de donde es difícil escapar o donde no se podría disponer de ayuda. La agorafobia generalmente implica miedo a las multitudes, a los puentes o a estar solo en espacios exteriores.
Agorafobia y fobias en general entran dentro del capítulo de los trastornos de ansiedad, puesto que la respuesta que generan en el cuerpo es la característica de la ansiedad: taquicardia, aceleración respiratoria, sensación de falta de aire, alteración en la presión sanguínea, sensación de mareo, dolor de cabeza, parestesias (hormigueo, en las extremidades sobretodo) y algunas más reacciones automáticas del cuerpo como dilatación de las pupilas o cambio de la conductancia de la piel, entre otros. A modo de anécdota, el detector de mentiras o polígrafo, se basa precisamente en la hipótesis de que cuando mentimos se genera un tensión emocional que provoca las respuestas fisiológicas espontaneas comentadas anteriormente.

¿Cómo se originan?

Las fobias pueden nacer de diferentes formas. En psicología hablamos de fuerzas bio-psico-sociales que impactan para generar el nacimiento de un trastorno o malestar. Por un lado no somos iguales a nivel biológico, es decir, no estamos genéticamente construidos de la misma forma. Por otro lado, no hemos  vivido las mismas experiencias sociales. En tercer lugar tenemos la parte psicológica, que vendría a ser lo que hacemos a nivel de pensamientos, conductas y emociones con aquello que nos acontece. Esta es la parte que podemos trabajar con el psicólogo.
Así, por ejemplo, la fobia a los perros, puede surgir porque un perro nos atacó de pequeños o porque sin llegarnos a atacar sentimos que eso iba a ocurrir y lo vivimos con pánico. Pero también puede ser que alguien que pasaba mucho tiempo con nosotros – madre, padre, abuelos… – se asustaba cuando veía un perro y nos lo transmitía a través de sus palabras y de sus actos, diciéndonos “ven, ven, cariño, cuidado con los perros que nunca se sabe!!”, al tiempo que se apresuraba a cogernos, con gesto de urgencia, tensión, protección y miedo. En ese caso, sin mediar amenaza directa alguna, el mensaje llegaba nítido: los perros son muy peligrosos y uno debe guardarse de ellos, en consecuencia interiorizamos la respuesta de miedo como medio de protección ante una situación potencialmente peligrosa.

Tratamientos de las fobias

Hay diferentes aproximaciones, compatibles entre ellas, que los psicólogos de SN Psicología aplicamos según el caso.
Con la hipnosis clínica podemos introducir mensajes de seguridad a través de una relajación muy profunda para acceder en el inconsciente del cliente.
La terapia cognitivo-conductal tiene resultados contrastados de su eficacia. En este caso se trabaja el “tirarse a la piscina” progresivo. De hecho sería lo mismo que enseñar a un niño a nadar. Si quieres generar un trauma, tíralo a la piscina, pero si quieres que aprenda a nadar, familiarízale progresivamente con el agua y con las técnicas. De la misma forma estas técnicas exponen poco a poco al cliente al estímulo fóbico, en un acompañamiento que le permita finalmente sentirse totalmente seguro.
La meditación, el mindfulness, se usa también para conseguir dominar la aceleración mental y las respuestas fisiológicas.
Las constelaciones familiares pueden ayudar en muchos casos a deshacer los nudos más inconscientes que puede haberse transmitido a nivel transgeneracional.
Terapia sistémica-familiar que permite ver las implicaciones en otras personas cercanas y qué parte ayuda a superar el problema y qué lo mantiene.

 

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